Cada cierto tiempo recibimos noticias de escándalos en las redes sociales. Los últimos más sonados son los de Gerard Piqué y sus publicaciones en Periscope o el desnudo parcial de Kim Kardashian en Twitter.

Los famosos también son humanos, y como tales, erran. Todos cometemos errores en las formas de hablar o incluso en las publicaciones que muchas veces de forma inconsciente cometemos. Sin embargo este uso irresponsable tiene consecuencias añadidas al ser figuras públicas, y en muchas ocasiones el público que ve esto no es el idóneo. El problema no es que un reputado actor o figura del deporte cometa un error, sino que si su público es joven, no está recibiendo los valores adecuados que debería transmitir. ¿Acaso valoramos los amantes del deporte que Sharapova haya dado positivo en un test anti-dopping? Lo mismo debemos, en cierta medida, criticar en el mundo de las RRSS. Valoramos las disculpas públicas, pero muchas veces el daño ya está hecho.

pique periscope

Esto ha derivado a que muchos famosos ni siquiera tengan presencia en Facebook, Twitter o Instagram entre otros, e incluso hayan desaparecido de las mismas porque se han dedicado a discutir con otros usuarios que no eran fans o criticaban algunos aspectos de ellos. Nada que decir de su Posicionamiento en Google. Como figuras públicas que son, su estrategia de marketing no ha sido la correcta y sólo han conseguido avivar a quienes disfrutan malmetiendo. Sin embargo existen otros casos donde grandes figuras públicas han sabido utilizarlas de forma sabia y han conseguido crearse toda una reputación con su comunidad de seguidores.

Nos puede parecer que esto pasa en casos puntuales, pero el mal uso de las redes sociales está generalizado. Todos los que tenemos presencia en numerosas redes y todos conocemos al típico contacto que, por sus comentarios, ideas o hábitos tienes más ganas de borrarlo de tu lista de contactos que de seguir hablando con él. Lo normal es que las personas con las que te rodeas tengan ideas, gustos o aficiones semejantes, pero también es normal conocer a gente variada, por lo que muchas veces mojarse en determinados temas crean más crispación que algo verdaderamente útil.

Otro aspecto es que la línea entre lo profesional y el ocio quedan diluidas. ¿Quien no ha escuchado alguna noticia de alguien despedido porque en Facebook colgó fotos de sus vacaciones? Hay que tener claro que una red social puede ser una poderosa herramienta tanto de ocio como de trabajo,lo que nos obliga a discriminar el uso de forma tajante. No podemos mezclar churras con merinas, no se puede conseguir una imagen profesional si cada fin de semana nuestros amigos suben fotos de la última fiesta o tus contactos te comparten imágenes de humor negro.

Esto es lo que les pasa a muchos famosos, que al ser figuras públicas olvidan que sus cuentas en redes sociales tienen un alcance tan amplio que se debe tener mucho cuidado. Esto no consiste en que tenga que ser una cuenta estrictamente profesional o estrictamente personal, la clave consiste en el control. Son muchos los famosos que sin perder una imagen profesional saben llamar la atención de su público con publicaciones distendidas, que dan a pensar que quien escribe es una persona como nosotros, sin tener que recurrir a los desnudos o bromas pesadas que muchos hacen (y con mucho éxito).

¿Donde marcar la línea? Personalmente pienso que cada persona es ella misma y sus circunstancias. En muchas ocasiones esas salidas de tono tienen un afán de conseguir respuestas más que realmente buscar aportar algo a sus seguidores. Como dice el dicho, no existe mala publicidad, y muchos, para bien o para mal consiguen darse publicidad.

La eterna pregunta, ¿debemos regular internet y coartar las libertades por el mal uso de unos cuantos? Aunque existe bastante división entre los usuarios, está claro que ciertos actos pueden acelerar el proceso hacia una dirección o hacia la otra.

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