Los problemas son una constante en nuestras vidas. Ya sea en ámbito empresarial o en nuestro día a día, los problemas nos generan incertidumbre porque ofrecen resultados inciertos, hecho que no todo el mundo sabe afrontar o gestionar. Y es que todos tenemos que tomar decisiones, y las decisiones no siempre son fáciles y menos sin una metodología que nos permita, en cierta medida, facilitar el proceso.

En el ámbito del Marketing Online hay que tomar decisiones continuamente, y el nivel de exigencia tiene un plus si tenemos en cuenta que son los clientes quienes se ven afectados por los resultados derivados de la toma de decisiones. ¿Has visto el Ebook Google Analytics?

Identificando el problema

Cualquier auditor SEO debe adelantarse a los problemas de su Posicionamiento en Google. Cuanto antes se afronten siempre va a ser mejor porque permitirá mayor margen para maniobrar en caso de tomar una decisión errónea.

Es por ello que el trabajo de cualquier consultor SEO tenga ver, casi de forma instintiva, con la búsqueda de problemas a solucionar. No basta con los observables a primera vista, hay que profundizar todo lo que se pueda si de verdad se quiere lidiar con los problemas.

Una buena forma de identificar los problemas para cualquier especialista SEO es analizando los KPI, pero no basta con el análisis bruto de los datos, sino que hay relativizarlos con respecto a todas las variables posibles y estableciendo relaciones temporales. Por ejemplo, no es lo mismo que el número de visitas tenga una tendencia ascendente si el tiempo medio dentro de un sitio está disminuyendo. Algo aparentemente bueno no lo acaba siendo si las visitas pierden calidad.

Identificar problemas suele ser lo más sencillo, sobre todo cuando una empresa se exige la calidad entre sus objetivos porque siempre habrá algo que mejorar con tal de satisfacer a los clientes.

Análisis del problema

Una vez identificado el problema, debemos ahondar en él. Es fácil decir que “las ventas están disminuyendo”, pero hay que plantearse el por qué. Si no somos capaces de identificar las causas y consecuencias del problema no podremos afrontarlo. Ya no consiste en relativizar los datos porque ya hemos identificado el problema, ahora debemos hacer un análisis interno y externo de la situación.

Si las ventas han disminuido con respecto a un aumento de visitas en una web, puede deberse a que algún cambio en el sitio web no ha agradado a los clientes. Quizá la causa sea la ausencia de cambios en la web (todos seguimos encontrando páginas sacadas de los años 90) o simplemente el producto ya no sea de interés para el usuario.

En el análisis del problema debe quedar claro qué causa el problema, porque de nada sirve afrontar un problema si no se plantea la situación que puede haberlo originado. Una vez conocidas las causas, podemos establecer diferentes soluciones que puedan solventar el problema. Cuantas más soluciones puedan aportarse, mejor, sobre todo si están seriamente diseñadas.

Elegir solución

Existen problemas que admiten varias soluciones (o que podamos dentro de una solución, incluir más de una medida). Sin embargo en muchas ocasiones los problemas solo permiten una opción, la A o la B, pero nunca ambas o para de cada una. Por ello deben analizarse las soluciones y ver qué consecuencias tendrían.

Por ejemplo, no es lo mismo que para solventar el menor número de ventas optar por una solución de “rediseñar la web” donde habrá muchas medidas que la solución de “cambiar de producto”, porque van a ser de todo menos complementarias.

¿Cómo elegir la mejor solución? Lo mejor es hacer previsiones de resultados en ambientes optimistas, pesimistas y neutros. Aquí entra la parte más subjetiva, porque en función de nuestra aversión al riesgo optaremos por soluciones más rentables y con más probabilidad de éxito o soluciones más comedidas pero que apuesten por lo seguro.

A un nivel personal, toda decisión siempre será buena si no compromete a terceros y es aquello que obedece a tu forma de pensar. En un ambiente de empresa las soluciones conllevan resultados, que deben intentar medirse o predecirse para que nuestros problemas no resulten en pérdidas económicas o de prestigio. Cualquier solución debe elegirse con cuidado y basándose (dentro de la subjetividad del asunto), con el apoyo de los mayores datos objetivos posibles.

Plan de Acción

Una vez tomada la decisión que vamos a realizar, debe planificarse cómo implantarla. Un ejemplo muy claro es que si la solución elegida es “crear una campaña publicitaria”, no podemos realizarla sin un presupuesto, una elección de horarios de publicación, el área geográfica, dónde van a salir…

Por ello debe planificarse cualquier pormenor que concierna a la decisión tomada, porque a veces una buena idea si está mal ejecutada puede ser peor que tomar una decisión errónea. Nadie dijo que solucionar problemas fuera fácil, cada apartado del proceso debe analizarse, tomarse y realizarse con sabiduría para evitar que nuestras decisiones tengan efectos no deseados.

Ejecución

Una vez conocido el problema, analizadas sus causas y elegida una solución debidamente sopesada, debe realizarse. En esta fase deberíamos tener claro cómo ejecutarla.

De forma resumida, el proceso queda resumido de la siguiente manera:

infografia resolucion de problemas_opt

Como puede observarse, el ciclo vuelve a empezar. Eso se debe a que los resultados de la ejecución deben medirse y compararse con los obtenidos cuando se detectó el problema. Solo con el Feedback podemos realmente ser exigentes a la hora de afrontar los problemas. De nada sirve arreglar un problema si este crea nuevos o los resultados no los comparamos para saber si la decisión ha sido buena o no.

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